viernes, agosto 29

En busca del tiempo perdido

Un hombre:
Anónimo Zeta piensa, o lo intenta, tras los barrotes insalvables que le hablan de esa falsa libertad que otra vez tuvo, piensa: y mis hijos, los que conozco y los que no, y mis cientos de mujeres. Piensa: qué no daría ahora por dormir entre las piernas de aquélla o de la otra, y beberme de un golpe ese olor caliente a cuerpo de hembra, él lo piensa pero no lo piensa así, si no más bien qué no daría yo por cojer de verdad, y es que no aguanta más esa inmundicia de hombres encerrados. Anónimo Zeta se pregunta qué es este tiempo que no se pasa nunca, diferente al vértigo de la tierra clara que su nariz conoce y extraña y a veces no recuerda, diferente a decir éste o aquél, diferente a la impunidad de soplón de cuando era joven y se le notaba. Qué es esta lentitud de la que estoy hecho, piensa, pero no lo piensa así, si no más bien cuándo se terminará este día de mierda igual a los demás.

Una mujer:
Una vez creyó, no importa cuando, que ese era el final, supo que bastaba un segundo para que todo acabe en nada, para que el sentido que buscaba se le fuera de las manos sin jamás haberlo visto. Lo creyó con un revólver apuntándole la sien y fue un instante: se enteró de que esa eternidad con la que sueñan tantos es solamente un sueño y que ella misma era un pedazo de tiempo encerrado en un cuerpo intrascendente.

Un hombre:
Frank Joseph Montenegro es buscado por el FBI: huyó de San Francisco hace apenas cuatro días y gasta como puede las horas que no se pasan nunca: un día más, un día más sin que me encuentren los sabuesos. Pero tu sabes, Frank Joseph –y tú lo sabes bien– que has cometido un crimen asqueroso y repulsivo, que esa lascivia que hay en tu cara de cerdo no se oculta con nada, ni con barba, ni afeites ni melindres. Frank Joseph, puerco miserable, te persiguen. Hazte cargo de tu suerte, porque la de esos a quienes lastimaste, ya no es más que un patético transcurrir en la memoria.

jueves, agosto 28

Mis primeros Haikus: una aproximación a la cosmogonía oriental

Aclaración: la métrica debería ser 5-7-5. Por ser mi arte incipiente y carecer de la habilidad necesaria para respetar las reglas al pie de la letra, he decidido, aunque más no sea por hoy, dejar entre corchetes todo lo que sobra. Gracias mil a la Rata Cruel por la inspiración.

I

el sol en la ven [tana]
entibia la lechuga
con mucha pacien [cia y ahora no sé qué carajo voy a ponerle a la ensalada]

II

la cítara sue [na]
vuelan las libélulas
la vida es tan bue [na que pensar en el suicidio no es más que otra estúpida forma de perder el tiempo]

III

perfume de jaz [mín]
los caracoles huelen
sobre la hojaras [ca que les sirve de colchón para llevar a cabo todas las tareas relacionadas con la conservación y/o propagación de la especie]

IV

el agua en la fuen [te]
canta respira y fluye
fresca como men [ta]

miércoles, agosto 27

Cantares del Cosmos: el testimonio de Carl Sagan luego de visitar la provincia de Buenos Aires

A veces, en las noches silenciosas de la pampa puede escucharse la música del firmamento: estrellas tocando una barcarola, planetas dando cortos pasos de minué, agujeros negros improvisando un gospel o algún que otro cometa cantando a capela “Si Adelita se fuera con otrooooo”.

La noche se acerca subrepticiamente: prestémosle atención, pongámonos en sintonía con el eterno devenir del universo.

"¡Adiós! ¡Adiós mundo cruel!"
"¿A quién? ¿A mí?"
"Sí, sí. ¡Adiós mundo cruel!"
"Escuchá una cosita boluda, ¿no te parece que te estás desubicando un poco?. Esperá que los giles estos empiecen a construir barrios privados en tus cráteres y vamos a ver quién es más cruel de los dos. Ah, y haceme el favor de ir poniéndote en órbita ¿eh? que si no voy a tener que cambiar de satélite. Un poco más de respeto para con tus superiores."
"Qué carácter, yo quería saludar nomás"
"Callate y seguí rotando"


Bueno, nadie dijo que de vez en cuando no pueda fallar el diapasón y la cosa suene un poco desafinada ¿no?

martes, agosto 26

De cómo yo vine al mundo y una historia apócrifa (o no tanto) del momento en que Leonardo fue concebido

Cerreto Guidi, Italia, en algún momento del verano del año 1452.

Me han referido hace poco [no diré quién] que parece que a tan sólo dos puertas de donde mis antepasados nacieron, en Via della Libertà XX*, una humilde mucama recibía los favores de algún mancebo desvergonzado miembro de la familia Médicis; de tal suerte que las transferencias de besos, saliva y otros fluidos hicieron que el vientre de la doncella creciera con tal indiscreción que fue necesario llevarla de incógnito al pueblo de Vinci. Unos meses más tarde, entre olivares y callejas de piedra, daría a luz a un niñito llamado Leonardo.

Lo interesante de todo esto es que, en el mismo momento en que la anónima mucama se regocijaba indulgentemente ante la generosidad sexual de su patrón, mis antepasados por vía materna, de apellido XXXXXX**, también se daban al intercambio tenaz de arrumacos y caricias variopintas. El apellido XXXXXX significa “herrero”: la familia de la que vengo tenía como misión la forja de cada uno de los herrajes del palacete de los Médicis, situado justo a la vuelta de la esquina [o a tres puertas de ahí, caminando derechito por la Vía della Libertà]

Digo yo, por qué no, si el vástago de la casa Médicis andaba tan suelto de almíbares y las mujeres de mi familia estaban acostumbradas a que les fundieran el horno... tal vez, quizás... no sería inexacto decir que alguna de ellas pudo haber dejado que el mencionado personaje le derritiera la cerradura y... permítanme formular la hipótesis: TAL VEZ YO SEA PRIMA DE LEONARDO DA VINCI. ¿Qué me cuentan?

* Quien suscribe no dará a conocer el número exacto de la casa por temor a los paparazzi.

** Tampoco se develará el apellido materno de la autora para evitar a los intrusos y las malas lenguas.

lunes, agosto 25

"La cristianización de las Galias" o "El papel del cepillo de dientes en la historia de la humanidad"

Y he aquí que aquélla oscura mañana del miércoles veinticinco de Diciembre del año 498 [quién nos impide suponer que la suerte la hizo miércoles; quién nos impide creer que era oscura] Clovis escuchó sobresaltado los gritos de Clotilde y sufrió las manos de su esposa acicateándolo sin conmisceración para que se levantase.

“Vamos, despiértate insensato, que debes lavarte los dientes para tu bautismo”

Incorporándose a los tumbos, Clovis emprendió la búsqueda de su cepillo con tan poca suerte que entre tanta armadura y tanto perifollo que habíase desparramado por la gélida cámara donde intentaba dormir, no pudo encontrarlo [al cepillo]. La ruda Clotilde imaginó que se trataba de otro ardid oscuramente maquinado por Clovis, quien había estado rehuyendo a la cuestión del bautizo como lo había hecho en ocasión de su boda. “De seguro este papanatas alegará que la ausencia del cepillo de dientes es razón suficiente para no asistir a la ceremonia” díjose enfurecida.

“Maldito impostor, te harás cristiano como Dios manda y serás el primero de la dinastía Merovingia y te dejarás de joder” Aulló propinando un puñetazo en el estómago de su marido [Es menester poner en claro que Clovis o Clodoveo, jamás se había dejado amedrentar por nada ni por nadie: ni por moros, ni por godos, ni visigodos ni francos de su propia sangre, excepto por los rugidos poderosos de su consorte]

Y así fue que Clovis, acompañado por su ejército y su esposa, acudió a la Catedral de Reims para recibir su bautismo sin haberse lustrado los marfiles de la boca, que por otra parte ya estaban un tanto desgastados [no olvidemos que en la edad media no existían los tratamientos blanqueadores].

Es todo por hoy, mis queridos amigos. La semana que viene les contaré cómo Justiniano olvidó ponerse desodorante el día de su coronación.

sábado, agosto 23

"Los circunloquios de Clodo" o "Crónicas de una visita al supermercado"

Doña Clodovea pensó:

“Si mi marido no me dice nada, ni linda, ni fea, ni nada de nada, mejor me compro un libro de cartas de amor --el libro, a sólo tres pesos o un dólar emitiendo señales luminosas desde el escaparate-- así por lo menos me hago ilusión de que quizá exista la posibilidad de que alguien, alguna vez, por qué no”

Tomó el libro con temblorosa emoción. Muy cerca, la sección verdulería le saldría al paso.
Clodovea consideró:

“Las ciruelas de California... qué hermosas son! --las orondas ciruelas suspirando nubes de perfume, mezcladas promiscuamente en el cajón, a sólo veintidós pesos o tres dólares con centavos, cómpranos Clodo, te haremos felíz, no ves cómo gozamos nosotras de nuestra propia compañía-- No, de ninguna manera: las ciruelas son un lujo que no puedo darme”

Clodovea continúo escrutando la fruta:

“Y las manzanas --rojísimas, atigradas: exultantes, a sólo dos con sesenta y nueve o casi un dólar, muérdenos Clodo, muérdenos y sabrás qué es eso que te falta y aún no eres capaz de expresar-- qué vergüenza, carísimas también, si hubieran estado a este precio cuando lo de Adán, ahora yo sería otra mujer!"

Clodovea se acomodó la falda y se fue indignada con Juan Rulfo por toda compañía. Tal vez él...

viernes, agosto 22

i
am
in
sa
ne
now
it's
li
ke
fa
lling
then
it's
li
ke
not
b
e
i
n
g
.
.
.
[not being at all]

El Ventanal

Volver a las puertas de roble, los vidrios, el mármol. Detrás hay siempre un hombre con cara de página ilegible, desechada. Buenos días [sonrío]. Este es mi lugar secreto [susurro]. Acá es donde me recluyo y contemplo mientras el hombre me habla y no le doy la atención que él espera porque he venido a otra cosa, he venido a creer que también yo soy parte de esta interminable acumulación de palabras convertida en librería. ¿Te gusta? [es una lástima que esté cerrada ¿sabés? quería mostrarte, explicarte, quería que supieras] Pero mirá: aquí llega él, el hombre de los anaqueles, el de pelo de aluminio, qué raro es verlo así, en la calle, fuera de su puesto, como una página arrancada y olvidada que se hamaca en el viento solitario. ¿Es él? Sí, es él. [Este minuto es igual a la cerradura por la que nadie se atreve a espiar] Soy yo. Esta soy yo.

jueves, agosto 21

El arte de la interpretación

Continuando con la ardua tarea de traducir la integridad de los sonetos de Shakespeare, nos proponemos aquí forjar un procedimiento que extraiga la esencia misma del poema en cuestión. En este caso, hemos optado por el método de minimización de recursos poéticos y, por qué no, económicos: esta nueva forma de traducción ahorrará no solo palabras, sino que también tinta y plumas (las avestruces sabrán apreciar nuestra diligencia).

Más abajo se presenta el soneto número 44, seguido de cerca por el resultado de nuestros esfuerzos traductorezcos.

Sonnet XLIV

IF the dull substance of my flesh were thought
Injurious distance should not stop my way;
For then, despite of space, I would be brought,
From limits far remote, where thou dost stay.
No matter then although my foot did stand
Upon the furthest earth remov’d from thee;
For nimble thought can jump both sea and land,
As soon as think the place where he would be.
But, ah! thought kills me that I am not thought,
To leap large lengths of miles when thou art gone,
But that, so much of earth and water wrought,
I must attend time’s leisure with my moan;
Receiving nought by elements so slow
But heavy tears, badges of either’s woe.



"Soneto de la lejanía" o "Qué mal que no podemos darle a la matraca"

Te re-extraño* pero no importa porque te pienso
(el pensamiento vuela**)
y ya estoy con vos.
Si vos no pensás en mí,
me dan ganas de llorar.

* Se utiliza la partícula re con el doble propósito expresivo de intensificar el sentimiento y por economicidad de texto. Por otra parte, si bien en ningún verso el autor explicita que extraña al objeto de sus pensamientos, nos ha parecido mejor traducirlo así, dejando implícita la idea de distancia. O sea, una cosa no quita la otra y la otra no quita la una.

** Tomado en forma literal, Shakespeare hace saltar al pensamiento. Aquí hemos preferido utilizar el verbo volar por considerarlo estilísticamente superior.

miércoles, agosto 20

"Shakespeare in love" o el Soneto del Jeropa

Traducción de la casa. Se ha tomado el soneto que se presenta a continuación de "The works of Mr. William Shakespeare in six [seven] volumes. Adorn'd with Cuts. Revis'd and Corrected, with an Account of the Life and Writings of the Author. By N. Rowela" del año 1710 y se ha procedido a traducir según las reglas más comúnmente aceptadas por el gremio. Los endecasílabos han sido resignados para dejar lugar a una conveniente búsqueda del sentido de los versos.

Sonnet XXVII

Weary with toil, I haste me to my bed
The dear repose for limbs with travel tired;
But then begins a journey in my head
To work my mind, when body's work's expir'd:
For then my thoughts-from far where I abide-
Intend a zealous pilgrimage to thee,
And keep my drooping eyelids open wide,
Looking on darkness which the blind do see:
Save that my soul's imaginary sight
Presents thy shadow to my sightless view
Which, like a jewel hung in ghastly night,
Makes black night beauteous and her old face new
Lo! thus, by day my limbs, by night my mind,
For thee, and for myself no quiet find


Soneto del Jeropa

Cansado estoy y presuroso me voy a la cama
El entrañable reposo para cuando las extremidades (todas) se encuentran fatigadas por el viaje
Pero ahí nomás en mi cabeza se inicia un nuevo recorrido
Que carcome mi mente cuando mi cuerpo no da más (de tanto caminar)

Porque en ese instante desde muy lejos de donde yo me encuentro
Me pongo las pilas y voy hacia vos*
Y trato de que mis párpados que se están por caer queden bien abiertos
Mirando lo oscuro que los ciegos (sí) pueden ver

Con la salvedad de que las visiones de mi alma (imaginarias)
Me traen tu sombra a mi vista que no ve un joraca (porque ya se me apagó la vela pero mejor a oscuras)
Como una joya (tu sombra) cuelga en la noche tenebrosa
Y hace que la negra (noche) se ponga bella y su cara vieja se ponga nueva
Ooooh así durante el día mis extremidades (todas) y durante la noche el bocho (y mi pajarita)
Por vos y por mí no descansan (porque es imposible para mi pajarita conciliar el sueño)

*NDT: se prefiere el vos al tú por conferir un matiz vernáculo a la pieza

¿Habéis oído hablar de Kate Kerney? Vive en los lagos de Killarney...

“Hola, soy Susana de Paternal, llamaba para decir que el programa está buenísimo. Yo creo que el presidente no sabe bien lo que hace, bueno, ojalá me equivoque. Les dejo un besito y sigan así. Los escucho todas las mañanas”

“Me parece que vivimos en un país donde la corrupción se ha transformado en el pan nuestro de cada día. Miramos continuamente a países como Estados Unidos, Europa o Taiwan. Los admiramos, pero nos gusta lo fácil. Esa es la enfermedad de los argentinos. Habló Jorge de Flores. Los felicito por el programa”

“Si, yo quería preguntar si el plan trabajar también es para jubilados. Muy buenas las canciones de Mario Clavel. Soy Cacho de La Matanza y les mando un abrazo a todos”

“...qué... ¿ya está grabando?...eh? ...ah sí, habla Dory de Palermo. Quería decirles a ver cuando repiten la receta de la tarta de pescado y berenjena... ¿qué?....shhh estoy dejando un mensaje... ¿ah no? ¿este no es el programa? ...y de dónde sacaste este teléfono?...”

Gracias a todos nuestros oyentes por los mensajes. Antes de despedirnos, el consejito del día: cuando vayan a lo de Kate Kerney, no la miren a los ojos porque probalmente les eche una maldición irlandesa de la que no podrán librarse jamás. Hasta mañana.

martes, agosto 19

el boulevard pigalle, o la place des vosges, o el quartier latin, o el que te venga mejor

Ella no necesita más que pensar un poco y con eso (eso dice ella) le basta. Así que si el día se presenta lluvioso y gris y apergaminado [Bonjour muñeca, hoy vengo déprimant, a ver cómo me recibís ¿eh?]: no importa. Ella se encasqueta la boina negra con pompón, cocina algún plato à la créme y se arrellana como gata mimosa en el sofá del living.

Mientras enrosca cuidadosamente los spaghetti con un tenedor, escucha la música de Amelie [¿Con bandoneón? No tontita, con acordeón]. Y también imagina que sube y baja escaleras en Monmartre o pasea por París en general o se toma un café en cualquier café (c’est la même chose, total, ella nunca fue a París).

Qué bueno es tener una mente activa, se dice haciendo caso omiso de los continuos alaridos que pegan sus hormonas. Porque a ella, la única música que le interesa es la del acordeón. Y todo lo demás, que lo tejan las agujas de la imaginación

(El sexo, la geografía, la corporeidad de las cosas, no importan).

sábado, agosto 16

Los gusanos en que viven (las mariposas)

i) Hace mucho tiempo, cuatro gusanos malos se detuvieron junto al escondite y siguieron haciendo trampa.

ii) Quisiera ser tu badajo para hacerte tañer en todos los instantes, en todos los rincones.

iii) Ah, pero qué importa lo que de vos los otros digan si esa urgencia que no se acaba nunca es lo que sos.

iv) Pienso y luego existo.

iv bis) Existo y luego... hago lo que puedo.

v) Y qué hermosa estaba la fruta ahí toda encajonada, amortajada diríase: naranjas, limones, alcauciles y champignones. La fruta exhuberante y sin embargo acomodada como en un Arcimboldo amondrianado. Qué apacibles descansaban las semillas preñadas las flores y las setas esperando el húmedo paladar donde irían a morir. Eso sí, las fresas estaban caras como vestido de novia de clase media con pretensiones. Así que hoy, a conformarse con bananas Dole importadas de Bolivia. Sí, de Bolivia.

viernes, agosto 15

Libre albedrío

temos, todos que vivemos,
uma vida que é vivida
e outra vida que é pensada,
e a única vida que temos
é essa que é dividida entre a verdadeira e a errada.

qual porém é a verdadeira
e qual errada, ninguém
nos saberá explicar;
e vivemos de maneira
que a vida que a gente tem
é a que tem que pensar.

fernando pessoa


pensar no se detiene, pensar es implacable, prepotente y caudaloso. pensar viene y se instala. no para ni da descanso y ahí queda el sujeto: abatido y deshecho. porque pensar no da respiro y lo toma por el cuello y no hay piedad para el sujeto que se esfuerza y prende velas que le queman las pestañas pero no, pensar no cede. y el sujeto intenta dormir y escapar de esos horribles predicados que pensar le trae y le impone y le administra y el sujeto ¡que no! y pensar ¡que sí!. que sí, que este y los otros son posibles e infinitos como las células que hormiguean en la arena del sujeto que no puede más y quiere disolverse.

poca cosa es el sujeto ahora que pensar le atormenta el cuerpo y le seca la piel y le viola los ojos y no lo deja en paz. poca cosa es y siente que se muere.

jueves, agosto 14

Donna Sotto le Stelle

Ya está. Lo decidí. Desde hoy voy a ser como Vale Mazza: hermosa y dorada cual estrella que pulula en el firmamento, pero con pechuga y un poco más atorranta, así es más divertido. Ya mismo saco del ropero mi Armani de collezione y me tomo un globo aerostático que me deje en las escalinatas de la Piazza Spagna para ser admirada por la humanidad toda. Hombres, mujeres, niños y ancianos impotentes por igual.

Ahí van las palabras mágicas, con ritmo de Fox-trot:

Semen de cabra; pata de araña
Del toro: ojos; del sapo: grasa
Óiganme brujas y dense maña
Así me vuelvo Valeria Mazza
--A la poción agreguemos fruta
Para también transformarme en puta--.

Ffffllllaaaasssshhhh
Fffflllloooosssshhhh
Fffflllluuuusssshhhh


Listo. Ya está. Me voy ya mismo.
Ci vediamo alla Piazza di Spagna. Baccioni.

miércoles, agosto 13

De amor a la sombra de la literatura

Yo tenía un novio que era bárbaro. Cuando yo le hablaba de cosas mundanas como una entrevista de trabajo, o una tarta de jamón y queso, o por ejemplo le preguntaba ¿te gusta mi vestido nuevo?, él, ahí sobre el pucho, como en un ataque de inspiración soltaba:

“Out! Out! Brief candle, life’s but a walking shadow, a poor player who struts and frets his hour upon the stage...”

Por supuesto que yo no sabía que era una parte de Macbeth, pero en silencio, lo admiraba y luego memorizaba para no ser menos.

Yo lo quería mucho a mi novio. Él me quería también y tenía una manera tan especial de comunicármelo. Me explicaba “Yo por vos lo que siento, es una profunda inclinación” Y yo, en silencio, me preguntaba si en verdad sentía algo por mí o lo que intentaba decir era que él era para mí lo que la recta tangente es a una hipérbola equilátera.

“No tontita, eso está en Sobre Héroes y Tumbas” “Ahhhh” Y yo corría a leer a Sábato para enterarme de qué personaje sentía inclinación por cuál otro y ver si eso era bueno o no.

Pero eso sí, cuando quería expresar algo bonito acerca de mí mandaba un “Shall I compare thee to a summer’s day...” que a mí me daba vuelta. Después no me hablaba en toda la semana. Pero ¿para qué? Si con Shakespeare como intermediario ya estaba todo dicho. Lo malo era cuando el personaje de Otelo se le subía a la cabeza y me perseguía por toda la ciudad para ver a cuántos hombres les daba la hora o les decía buenos días. Y si se enteraba que a alguno le había dirigido un simple “Hola” yo me convertía en la peor de las prostitutas de Dostoievsky, pero sin la parte del arrepentimiento.

Eso sí, nos queríamos mucho. Y nos ejercitábamos en las artes del amor como en las novelas de Henry Miller. Claro que él nunca en la vida leería a Henry Miller porque le parecería soez. O algo por el estilo. Henry Miller es el único escritor que puedo pasar, y si lo hubiera conocido, me habría enamorado de él. Aunque seguro que Henry no recitaría tan bien a Shakespeare como lo hacía mi novio, ni tampoco me pediría que le leyera a Borges para después reírse de mí cuando le preguntaba “¿Liminar? ¿Qué quiere decir liminar?”

Al final lo tuve que dejar a mi novio, porque, sinceramente, yo odio la literatura.

martes, agosto 12

Discurso de escritor reconocido alentando a un grupo de aspirantes que no pasan de tímidos Bartlebies en potencia

-Señores, no sueñen que van a poder escribir todo el tiempo sin interrupciones. Eso de que se les ocurran ideas en torrentes o en interminables sucesiones divergentes, no es lo habitual. De ninguna manera. Lo normal es el advenimiento de algún que otro géiser literario con frecuencia de defunción de obispo. Y los obispos, por alguna extraño mecanismo de la naturaleza, las más de las veces siguen viviendo para alegría del nuncio apostólico y los pocos feligreses interesados. Así que presten atención. Si usted es nulo de nulidad absoluta: ALÉGRESE y dedíquese a coleccionar caracoles y cajas de fósforos. Si usted es nulo de nulidad relativa: DESPREOCÚPESE, usted es normal podrá escribir cada vez que muera un prelado. Si usted tiene ideas brillantes y originales con frecuencia de nacimiento de piojo: ALÁRMESE, usted NO EXISTE. Y si está en una racha de esas donde la literatura le fluye como aceite de los techos durante las invasiones inglesas, NO SE LA CREA. ¿Eh? Duran lo que la vida de una ameba. Ahora, no pregunten cuánto viven las amebas, no corresponde que yo se los informe. Y recuerden: el escritor prolífico no es más que una infame invención de los biógrafos.

-Entonces discúlpeme... ¿qué hago? ¿Me pongo un corcho? Y además, digo yo una cosa: ¿dónde me lo pongo?

lunes, agosto 11

La saga del Kiosquero. Parte II.

Esta mañana le dije a Snorri (yo envuelta en ponchos y chales y gorrito de lana por el frío; él, en musculosa y ojotas tomando su cerveza matinal por el calor)

–Mi vida es aburrida.
–¿Qué te preocupa?
–Hay una turbina a gas que está guardada en el depósito. La gente de la empresa tiene que hacer negocios con ella, para apropiarse de los beneficios económicos que genera. Y yo, me guste o no, soy parte de la empresa. No soy más que una simple empleada. Callo y acepto.
–Llevate unas kenningar piba–. Respondió con su laconismo habitual.
Indulgente y austero, Snorri me dio el paquetito amarillo que ocultaba las siguientes piezas de colección:

Fervor potencial y volátil: turbina a gas
Antro del olvido: el depósito
Infierno prostibular: la empresa
Pactos deshonestos: negocios
Mujer entregadora de escondrijos intersticiales por sumas fijas: empleada
Influjos acaramelados: beneficios económicos

Como por arte de magia transformóse en:

Hay un fervor potencial y volátil que está guardado en el antro del olvido. La gente del infierno prostibular tiene que hacer pactos deshonestos con él, para apropiarse de los influjos acaramelados que genera. Y yo, me guste o no, soy parte del infierno prostibular. Soy una simple mujer entregadora de escondrijos intersticiales por sumas fijas. Callo y acepto.

La verdad, lo que quedó no es muy alegre y tampoco me solucionó las cosas. Pero por lo menos me las hizo más poéticas. Hasta dulzonas. Por eso lo quiero tanto a Snorri. Qué sería de la vida sin una mísera kenning para dosificar la opacidad de las turbinas a gas.

Duravit

Esa chica es una luz. Sí: es realmente única, brillante. Por eso llama tanto la atención. Por eso nadie puede dejar de mirarla con encandilamiento y admiración mal disimulada porque, admitámoslo, esa chica es algo increíble y cuando alguien es así como ella, los demás la envidian o la quieren usar. Pero las cosas son como son aunque a ella no le guste demasiado admitir que ella es una luz. Y se enoja porque odia que en navidad la pongan al lado del arbolito; o que en los cumpleaños la tengan que esconder bajo la mesa cuando apagan las luces (es que ella nunca se apaga); o que cada vez que a su papá se le queda el auto en la ruta la usen de valisa, justo a ella que le da tanto miedo el rugido de los motores pasándole cerca, demasiado cerca.

A veces ella se consuela pensando que ese destino de faro trashumante que le tocó vivir es algo especial, que no todos los chicos pueden lucir los destellos plateados que le nacen cada vez que se ríe, y que ninguna de sus amigas tiene una cama como la de ella, con baldaquín: cama de princesa, le dijeron sus padres –en realidad se la hicieron porque de noche sus hermanos no podían dormir: ella nunca se apaga–. Yo soy especial, se decía, por eso los demás me miran extrañados.

Sin embargo, cuando se corta la luz, le vuelve la bronca porque no quiere quedarse parada ahí sobre la mesa iluminando todo como una Osram de 70 watts con polleras. No le gusta. Algún día voy a entrar en cortocircuito y ahí van a ver, lo voy a hacer justo cuando a Edesur se le queme un cable, cuando explote una estación. Van a tener que prender velas o salir corriendo a comprar pilas para la linterna, porque el día que yo entre en cortocircuito, no me prendo más.

Su promesa no se cumple: el tiempo pasa y el cortocircuito jamás llega y la vida de luciérnaga intermitente continúa. Ahora que es mayor y es mujer y le urge el cuerpo los novios no le duran. Le piden que se apague aunque sea por un rato, que eso de hacerlo en medio de resplandores es intimidante, que mejor en la penumbra, que no me gusta que me mires cuando me desvanezco. Ella lo intenta y no puede. Ella es brillante y refulge en el instante efímero y cuando le llega el sosiego, titila. Pero eso sí, ella nunca se apaga.

domingo, agosto 10

....
...
..
.

viernes, agosto 8

L'assasin des voiles d'or

...cómo me gusta descorazonar cebollas: abrirles las capas una a una hasta encontrar el embrión verde y desesperanzado, desnudarles el alma, triturarlas e inundarlas en un mar ardiente de aceite de oliva y que el calor las sofoque y se vuelvan transparentes y dulces como velos de sonámbula...

jueves, agosto 7

Hammerklavier

Donde se cuenta la manera en que un ilustre compositor se aparece una mañana ante la puerta de Frau J y de cómo ella palpita al descubrir la presencia deste y se produce un malentendido que es remediado graciosamente a pesar la irremediable torpeza de Frau J.

–¿Sí? ¿Quién es?
–Herr Ludwig
–¿Cómo? ¿Quién?
–Ludwig. Ludwig van Beethoven
[Dios santo, es Beethoven de verdad, qué estará haciendo acá, y yo todavía no me lavé la cara. ¿Le abro? ¿Qué le digo?]
–Buenos días... este... usted dirá.
–Vine porque sé que lo tiene a Karl Schmidt encerrado en su habitación.
–¿Karl Schmidt? No sé quién es.
–Vamos. ¿Usted no es Frau J?
–Sí, soy yo, pe-pero...
–Entonces no se haga la inocente que usted a Karl Schmidt, lo conoce bien. ¿Acaso no duerme con él todas las noches?
–Con el único que duermo es con...
–Mire, no me interesa. Yo vine a ver a Karl porque me enteré de que anda con el clavijero flojo.
–¿El clavijero flojo?
–Discúlpeme, ¿usted no tiene un Karl Schmidt modelo 69?
–¿...?
–Su piano, Frau. No es un ¿Karl Schmidt 69?
–Ah, claro. Sí, mi piano. Qué tonta soy. Pero... Herr Beethoven... no me diga que...
–Vine a ajustarle las clavijas a Karl, supe que andaba desafinado y no tolero que nadie me toque las sonatas con el piano desafinado.
–No puedo creerlo. Qué emoción. Me muero de vergüenza Herr Beethoven... es un honor para mí.
–Mire Frau, apúrese un poco que tengo que afinárselo antes de quedarme sordo por completo, de modo que le pido que me lleve donde Karl Schmidt y después me dice todo lo que quiera, ¿le parece?
–Pero cómo no. Pase por acá. Yo quería decirle... yo justo estoy estudiando...
–Patética.
–No, la sonata patética no, la número tres, la que está en do mayor y empieza con las acordes de terceras...
–No Frau. Usted es la patética, no la sonata. Eso es lo que quise decir. Pero no se preocupe, ya va a mejorar.
–Gracias Ludwig, qué amable es usted. Qué emoción.
–Ahora me sostiene el diapasón y se calla la boca. ¿Entendió?

[Addendum: Frau J ha sufrido otras apremiantes pesadillas musicales. Mencionaremos solamente, por razones de espacio, la ocasión en que Charly García le ofreciera ser tecladista de su banda de rock, a lo que ella accedería conmocionada, ruborizándose por completo y diciendo que haría lo que él le indicara, tal era su admiración por el mentado compositor]

miércoles, agosto 6

Gutenberg o la obliteración y aniquilamiento de la escritura cuneiforme

–¿Discúlpeme usted que estudia?
–Filosofía, ¿y usted?
–¿Yo qué?
–Usted qué estudia.
–Yo letras.
–Ah, claro, la literatura, la magia de las palabras, los grandes escritores, me imagino.
–No precisamente. Lo que yo estudio es algo de carácter originario. Genético, si se quiere.
–¿Entonces?
–Entonces qué.
–Qué estudia
–Estudio las costumbres sexuales.
–¿Pero no me dijo que estudiaba letras?
–Sí, letras. Y además, estudio las costumbres sexuales.
–¿Las costumbres sexuales de quién?
–De las letras, hombre. Por ejemplo. Letras como “j” o “l” parecen ser extremadamente libertinas, cada dos por tres quedan embarazadas y se convierten en “p” o “b”. Claro, que hay otras que emplean todas sus energías en tratar de hilvanarse al resto, como la o la “t” o la “f”. O están las asexuadas, como la “z”. También he hallado letras que están siempre dispuestas a recibir lo que otras tengan para ofrecer, por usar un eufemismo. La “o” es el caso paradigmático.
–Claro, claro, puedo imaginar semejante actitud.
–Encontré también extrañas patologías, como las “n” siamesas.
–¿Las “n” siamesas?
–Sí, lo que conocemos como letra “m” es un curioso fenómeno de mutación grafológica. Nacen de “h” y en algunos casos quedan juntas y en otros son separadas mediante intervención quirúrgica.
–Suena terrible.
–Terrible no, espantoso.
–¿Y qué piensa hacer con todos sus descubrimientos?
–Estoy escribiendo un libro que se llama “Demografía del alfabeto o de cómo la reproducción indiscriminada de las letras deviene en palabras y degenera en literatura”

martes, agosto 5

Mi amigo Snorri, o "Qué hermosa es la vida si uno le agrega kenningar"

Esta mañana pasé por el kiosco de Snorri, un hombre fuerte como un buey, alegre y enérgico. Estaba desayunándose una cerveza.
–¿Qué tal Snorri?
–Acandamo. ¿Qué andás precisando? –me preguntó mostrando su sonrisa nórdica y perfecta.
–Deme media docena de kenningar.
–Cómo no –se acomodó un gorrito de cotillón tipo vikingo (mi kiosquero, no es cualquier kiosquero) y me armó un paquetito. Agregó –: Te hice una selesión especial, te hice.
–¿Cuánto es?
–Son cien pesos (sus kenningar, no son cualquier kenningar)

Cuando llegué a casa abrí el paquete y encontré lo siguiente:

Inoportuno vocero del alba: reloj despertador
Caballero misterioso de la noche: velador
Enemigo acérrimo de la realidad: libro o novela de ficción
Prostituta vapuleada y rebelde: la realidad
Rincón de amor y sueños: la cama
Dulce telaraña del inconsciente: sueño

Miren cómo una aburrida noche puede cambiar favorablemente (es decir de cero acción a hombres por doquier, o de un hecho trivial a un hecho literario) si una le agrega unas kenningar a su vida:

Sin kenningar:

Anoche me metí en la cama con un libro. Como estaba abatida me olvidé de apagar el velador. Me quedé dormida con el libro apoyado sobre mi pecho; me perdí en los sueños hasta que el reloj despertador comenzó a chillar. Me desperté y vi que el velador estaba ahí, encendido. No quiero ser como la realidad, me dije, terrible, triste. Yo quiero ser un sueño.

Con kenningar:

Anoche me metí en el rincón de amor y sueños con un enemigo acérrimo de la realidad. Como estaba abatida me olvidé de apagar al caballero misterioso de la noche. Me quedé dormida con el enemigo acérrimo de la prostituta vapuleada y rebelde apoyado sobre mi pecho; me perdí en las dulces telarañas del inconsciente hasta que el inoportuno vocero del alba comenzó a chillar. Me desperté y vi que el caballero misterioso de la noche estaba ahí, encendido. No quiero ser como la prostituta vapuleada y rebelde, me dije, terrible, triste. Yo quiero ser una dulce telaraña del inconsciente.

¿Qué tal, eh?

lunes, agosto 4

Humo

Hay niebla. Oigo voces. Sabés que hice un tratamiento bárbaro. Sí, se nota, ¿en qué consiste? Te envuelven completamente en unas sábanas blancas. ¿Onda Tutan Kamon? Sí, después te meten en una especie de lavarropas que vibra y vibra y vibra y quedás como si hubieras estado... Sí entiendo, ¿y? Y después salís con diez quilos menos. Qué bárbaro, veo que quedaste igualita a Catherine Fullop. ¿Viste? ¿No estoy hecha una diosa? Yo voy a ir también, quiero que me dejen hecha una reina, diosa no me interesa. Eso sí, hay que hacer dieta de escarola todas las semanas, ponerse tetas nuevas y depilarse el bigote sin falta. Pero con tal de atraer hombres (¿?) cualquier cosa.

Hay niebla. Oigo voces. Yo quiero que te conviertas en terrateniente así me invitás al casco de tu estancia en Ayacucho. Me armás la biblioteca junto al hogar y ahí nomás me instalo. También voy a inspirarme arreando vacas montada en algún rosillo amigable que me pongas a disposición. ¡Vaca, vaca, vaaaaaaaaca! Gritaré con entusiasmo. Y si después de todo eso no me sale el Martín Fierro, por lo menos podré experimentar la soledad infinita de la pampa, oiré el chillido espinoso del chajá, bailaré una chacarera y cuantas otras flokloricidades por el estilo.

Hay niebla. Oigo voces.¿Te corto así, o así? Así. Ah bueno.

Hay niebla. Oigo voces. Vámonos, por favor, vámonos ya. ¿Qué son esas esferas transparentes que caen del cielo? ¿Qué es esa precipitación de globos incestuosos? Cuando explotan se deshacen en calor, incandescentes. Hay que volar nomás. Hay que escapar. Si no, vivir.

domingo, agosto 3

Y los sueños, sueños son

The best thing to do, is to get rid of the whole thing, through words. And out they come, for when I am in turmoil, so are words, whirling, jostling, then streaming and pouring themselves into my consciousness, then onto a piece of paper, a screen, somewhere (the means are of no importance, if not always, at least on this occasion).

I can dispose. I can erase. I can invent, forget, undo. This is the magic of literature, the sorcerer would say, you can go back, you can regret.

The man is there, after so many years, after uncountable nightmarish nights, there he sits, with his eyes fixed on a book, what is he reading, what is he brooding over, this I wonder. He smokes, as usual, doesn’t he? He lights a cigarette and tastes the smoke as he always did. Then, he calmly sips from his cup of coffee, how I used to love that, how it scares me now.

(Il a mis le cafe / Dans la tasse
Il a mis le lait / Dans la tasse de cafe
Il a mis le sucre / Dans le cafe au lait
Avec la petite cuiller / Il a tourne
Il a bu le cafe au lait / Et il a repose la tasse
Sans me parler / Il a allume
Une cigarette / Il a fait des ronds
Avec la fumee / Il a mis les cendres
Dans le cendrier / Sans me parler
Sans me regarder / Il s'est leve
Il a mis / Son chapeau sur sa tete
Il a mis / Son manteau de pluie
Parce qu'il pleuvait / Et il est parti
Sous la pluie / Sans une parole
Et moi j'ai pris / Ma tete dans ma main
Et j'ai pleure.).


Then he turns the page, and goes on reading, in an eternal movement, the rings of smoke lightly wafting over his head, dreamlike. In a cloud.

It seems as if time never went by, as if nothing changed and yet, I’ve changed, I am a different one, diverse, a woman whose womb has experienced that irreversible metamorphosis called maternity. I am other, yes: this is fact. This is undeniable. But, the question arises, like a pearl formed within an oyster, why I am standing here in the cold, looking at him from the opposite sidewalk, just like the victim of the snake stares at those eyes that are mesmerising, ominous, without being able to get rid of their look; just like the victim of the abyss cannot possibly stop her steps. Why. Why. What to do. To wait, is stupid. Nothing will happen. Nothing must happen. Then why keep on peering what is absolutely forbidden? (There’s no answer for that either, you should know, and I do know, even, I do know there is an answer, an answer which can’t be uttered, it is painful, it is dreary).

The best thing to do, is to get rid of it all. Through words. And have nice dreams.

sábado, agosto 2

La vida es sueño

La puerta se abre, o la empujan de un golpe, con fastidio, hola, soy yo. Quién. Soy yo. (Estoy desnuda, Dios mío, vas a verme) Soy yo, vine a decirte algo. Qué. Vine a decirte que estoy enfermo. Cómo enfermo. Sida. ¿Sida? Sí. Desde 1997. ¿1997?. Qué tiene que ver la fecha, me pregunto. (Dios mío, estoy desnuda, cuándo fue la última vez que estuvimos juntos, 1997, 1998, cuándo, cuándo). Estoy enfermo. ¿Y yo? ¿Y mi familia? Sida. (No cáncer, no diabetes, SIDA). Cómo no me lo dijiste antes. Cómo. Cómo. Estoy enfermo. Cómo no te diste cuenta antes. No se declaraba. ¿Declaraba? Buenas tardes señor, vengo a hacer una declaración que, estoy seguro, será de su interés. Me he instalado en el delta de sus venas, permítame que me presente, mi nombre es Síndrome de Inmunodeficiencia… Basta querés. Basta. Entonces. Entonces qué. Entonces estamos todos envenenados (el agua corrió siempre sin descanso, impetuosa, sin impedimentos, no era eso lo que te llenaba en el momento de vaciarte ahí, en el rincón dónde todo debe ser creado). No sé qué decirte. ¿Dónde estamos? Tengo miedo. Miedo. Tengo. Miedo. ¿Y qué fue de la adolescente de Bangkok? ¿De la sonrisa en el vientre ansioso, de los labios entreabiertos, de las manos? No lo sé. Sí lo sabés. Los dólares robados al Sultán, viajes, palabras. No te cuidaste. Sí. No: te dejaste, y ahora tenés la sangre envenenada, corrupta, devastada y torrentosa, seguramente muerta; y yo también debo estar desintegrándome, por Dios, qué está pasando (estoy desnuda). Vos querés suicidarme con tu propia enfermedad, vos me obligás a que no olvide, a que pregunte, qué, cómo, cuándo, qué me pasa. Yo nada más estoy enfermo. Quién te abrió la puerta. Él. Y ahora como le explico, cómo le digo, que vos… que él, que todos. Y ahora. ¿Ahora qué? Se terminó. Se terminó. ¿Hay que morir? No morir de inexistencia, eso no. Entonces qué. Morir al sueño.

viernes, agosto 1

Writing for No Thing

I wish I could become this, or that, which I am not. I whish I could turn myself into something else than this frantic scribbling day and night, to no one but the inner empty crevice where the sounds of my words reverberate, reverberate, reverberate.

I long for understanding: there are people, whom I cannot even grasp, whom I read in silence, as a witness of their mystery, as a witness of existence (that constant paradox that cannot be told, but experienced); there are people I would like to absorb, as if they were a stream, as if I were a sponge. Ridiculous as it appears, I wish so. Yet, impossibility arises and I become aware that I am echoing someone else’s music, whose? where from? It calls. It calls. It calls.

I am nothing but a drifting leaf, a petal in the wind, heavy, clumsy, blotted out by the deeds of distance, hello, can you hear me, hello, you are away, this is a deaf song, isn’t it? You are away, and you, and you, and you.

I miss.
I am missing.
I am nothing.
No thing.

Even in family, son and loving husband. Even among friends, those who inquire, those who hassle, those who soothe. Even in the crowd, I am wrapped in solitude, which is ominous, not just because it is my own but everyone’s. For I do not think I am the only idiot who is able to contemplate this occurrence: lots like me might be wondering now, about the same. The answer looms. (Again, don't let it come).

There are drops of insurmountable solitude all over the place, along the corridors, leaking through the walls. I can see them, I can touch them, I can sense them.
I am being.
I am.

Limericks for tea time

En la oficina yo me aburro mucho
Asisto a las reuniones, nada escucho
Me burlo de mi jefe
O de mis compañeros
Son todos imposibles mequetrefes

Cuando cae la tarde me da pena
Ya no saber qué hacer con las palabras
Para cuentos no sirves
Entiéndelo Jimena
--lo dijo el lunes la bruja macabra--.

Pero con poco me pongo contenta
Se me ha ocurrido una idea brillante:
Inventaré una historia
De amor, penas y glorias:
Cenicienta besando a un elefante

Virginia Woolf no es más que una mentira
Qué Orlando, qué Olas, qué novelas
Yo escribiré quintillas
--haré mil maravillas--
Y así nomás me ganaré la vida

Post de Prueba
Toda mi gratitud a la Ratta Cruel que, una vez más, me ha demostrado su grandeza y sus habilidades de campana sin badajo, que de esas hay pocas y resultan ser de inapreciable valor por su singular belleza y sonoridades extrañas.

Y aquel día Juan Pérez incorporóse entre frazadas, blanco y mañanitas y se dijo, por qué no, por qué no comenzar mi mandato con alguna hazaña prodigiosa de esas que dejan boquiabierta a media población y a la otra media temblando de admirado delirio. Levantó el auricular, cinco siete siete tres, Abelardo, ordene que trasladen el Obelisco a la Recoleta.
Inmediatamente.
Muchachos dónde lo dejamos.
Ponelo ahí nomás.

Y fue así que mientras sorbían su té Earl Grey bajo el gomero de La biela, Felicitas Peralta Ramilletes y su amiga Dolores Alazaga, vieron, espantadas como frente a la basílica de Nuestra Señora colocaban el infausto monumento. Allí dónde tantas veces habían conversado apacibles luego de los oficios del Domingo; allí donde a Felicitas le habían robado el primer beso lingual en una tarde de primavera y donde a Dolores, por vez primera también, algún muchacho ardiente le había deslizado los temblorosos dedos bajo una falda que no escondía más que piernas y orificios –porque de tanto en vez, Dolores extraviaba la bombacha en el camino–.

Allí estaba el Obelisco. Horror de horrores. Execrable aberración. Ya comenzaban a instalarse viandantes de toda clase y hasta una anciana que ofrecía pastelitos de dulce de batata. Más tarde se vería cómo Juan Pérez, el flamante y plebeyo Intendente de la ciudad estrellaría una botella de Champagne contra las paredes blancas y brindaría y aparecería en la TV, dejando boquiabierta a media población (Felicitas, Dolores) y a la otra media temblando de admirado delirio.