viernes, noviembre 19

Amador en jaula.

Donde se relata la convalecencia de un señor que presa de deleites en exceso, ya agostado a causa del tiempo, vegeta embebido en su escabeche y de cómo en rememorando hazañas, desflóranse sus tardes de vejete.

cuando joven sus ardores ofrecía
al estro
pajo y frutos dulces propiciaba
no importando minón
pendeja o bruja:
en arrebatos de urgencia
--que al pobre hoy
lo estrujan todavía--
a recoger del campo
lo mejor
o amorecer de amor
se dedicaba.

malbarató bella tras bella
mujeres del partido,
monjas, beatas,
solteras y casadas, ardorosas
enceladas mojigatas: una a una
o de a varias
en hilera
rastrillaba en su obsesión
y más quería.

pero siempre le eran pocas
y cientos le escaseaban la avidez
entonces él
soñábalas: rozado gineceo
en, contra, sobre, atrás y por debajo:
soñaba mojadeces
desparpajos
y las tenía a todas, en soñando
o bien
dejábalas que hicieran
su querer
ahí, en el vértice,
así, un poquito más
mi cosquillosa mía, dale sí,
dale que va,
que va
que va
por Dios
¡me fui!
se despertaba
y blanco en tranco
humedecido
una otra vez.

hoy día es otra y diferente situación.
circunvalado por la jaula de
su pienso al viejo choto
--pobre--
no le responden ni los sueños los llamados.
desvencijado
rema sin su rama
a la ramera:
a la pasión-pulsión que no le da descanso
dechado en su edredón
la vida se le duerme
se le esfuma. lasciva ve a la almohada
le da embrazo como a hembra
que no existe o se ha
perdido, en tanto hierve el seso
--el bajo vientre inerme--:
es nunca más garchar,
cojer no más,
no más concupiscencia en boca,
no más morder, sobar, no más lamber,
no más desperdigar, trincar, partir,
no más meter-sacar
chupar
ni herir,
no más despilfarrar, no más lloverse a cántaros
ni a mares,
no más amancebarse ni machimbre
no más tornillo-tuerca
no más merenquetengue
ni cerezas cercenadas
no más succión-facción
no más desdoble en cuatro replegado
no más la postre retaguardia
no más fusilamientos contra el muro
no más la sal alzada
ni pimienta.

ya basta de rumiar
que se revienta el amador
de tanto tántalo fugaz
y tentación.
que en buena ley espiche:
que acabe ya el sufrir
por fin de nulo ayuntamiento.
entonces punto aparte.

--seguirán
los que le sigan
in aeternum--.

domingo, noviembre 14

After Q there are a number of letters the last of which is scarcely visible to mortal eyes, but glimmers red in the distance. Z is only reached once by one man in a generation.
V. Woolf

a la sapiencia posta la domina
doropíldora del sol conocimiento
juna todo, nada necesita
en vuelo docto racional las alas
de la mente
lontananza alcanzan
de tan libres
prestas
de tan ágiles, molestas.
Dios no existe:
simulacros de miedosos
pusilánimes,
salámines
que compran bulas: “démen dos
y salvenmén”
en continuado
por si acaso los imbéciles
inánimes.


biblos, cientifintas, números
cimientan el filósofo pensar
y petulancias que son
llegar a zeta o más –tal cual el ojo
virginal del faro–:
retorno luego e inventar un alfabeto
nuevo,
desestimada de la verba la soberbia
brutos todos
(menos Yo)
boludos son
de la ignorancia siervos
obsecuentes.

salió a paseo en una domingada tarde de domingo
andando bajo la garúa
repentino
un rayo lo partió
para omelette de huevo
en su fritanga y finas hierbas
lo dejó
y hete aquí que
feneció finito finiquito
sobre la acera se acabóse su saber
ante la plácida caterva que pacía
--supersticioso había el murmurar
de los vecinos con pochoclos
entre dientes:
¿vistes vos?
a la final tanto espamento y
Él,
por fanfarrón,
lo castigó–-.

viernes, noviembre 12

Formicidae o "los investigadores de insectos"

Miran marchar a las hormigas todos los mediodías, ahí, frente a la reja gigantesca del colegio con los gatos como testigos silenciosos, las cabezas pegadas en dulce contubernio, dame ese papelito que las aplastamos a todas juntas, no: mejor las matamos con la medidora, ya vas a ver. Entonces la regla les sirve de cuchillo para cometer el homicidio hormigueril, para llevar a cabo el desbarajuste de patas y antenas más tarde convertidas en una pelotita de la que apenas puede adivinarse el origen.

A que no te animás a agarrarlas con los dedos y sacarles la cabeza, claro que me animo. Y ahí están pequeños crueles: yo las inundo con saliva, yo las hago torta con el dedo, pica, ¿viste? a veces muerden; ahí se quedan abocados al flagelo cotidiano durante poco más de media hora de absoluta fascinación. Si es roja: cuidado; si es negra: no pasa nada; si tiene la cola blanca: no se sabe.

Una mujer al lado, lee. De tanto en tanto los mira de reojo. De tanto en tanto una víctima de la masacre rueda por la página del libro y se confunde con las letras como filas de hormigas que marchan hacia el campo de batalla. Se oyen risas. ¿Y mamá? ¿No te asustás?

jueves, noviembre 11

Sin embargo, podría ser que me engañase y que lo que tomo por oro y diamantes no sea más que un poco de cobre y de vidrio.
Descartes


Andaba René en una de esas noches, medio encurdelado, casi tan mareado como asiento de calesita. Todo él era un frágil mirame y no me toques; destilaba cognac por donde se lo olfateara. A los tumbos iba, marcha-que-te-march y renegando una y otra vez del nombre ridículo que sus progenitores le habían dado: René es mote digno de un batracio ¿por qué diantre han tenido que llamarme así justo a moi?

Al cabo de unos cuantos adoquines, arribó René a su habitáculo a altas horas de la madrugada tras haber intentado en vano conseguir los favores de una señorita famosa por su locuacidad y por otras habilidades que no viene al caso mencionar ya que, como dijéramos, René no obtuvo absolutamente nada de lo que pretendía. Cuando quiso ingresar a la morada, encontróse con que la puerta pesaba como elefante africano de modo que decidió hacer un detour y entrar por uno de los ventanucos laterales. Cayó con estrépito en el suelo con tan aciaga suerte que la hazaña le cobró y quebró una pierna: quedó rengo, René, cojito el pobre.

Dentro de la casa, la chimenea crepitaba sus leños acogedoramente, y el buen René se acercó arrastrando la patita para restregarse las manos y las partes frente al fuego: la noche era fría y aún había mucho que meditar antes de sumir al cuerpo entre cobijas y edredones de plumas. La pregunta del millón, la duda que le escocía la sesera y no le daba paz desde hacía tiempo se refería a cómo sé que sé o cómo conozco lo que conozco y se le presentaba en todas sus posibles versiones y/o combinatorias. Nunca tenía certeza de si sí o de si no, y creía que existían genios malditos que jugaban a engañar su razón –eufemismos puros o patrañas de filósofo: la verdad sea dicha, René era un negador nato, se rehusaba a consultar a un psicoanalista y no asumía sus problemas con el alcohol y las mujeres–. No bastándole el socrático sólo sé que no sé nada comenzó a bregar contra la oscuridad de la ignorancia (siempre en ciernes) en busca de claridad y distinción. Bebió para ayudarse una botella y media de cointreau en balbuceando: todo lo que sé en realidad no lo sé, pero no creo que eso sea nada puesto que algo debo de saber con certeza y es que estoy dudando. ¡Bingo! si dudo la duda es y si es, la duda está y yo soy el sujeto y la duda el objeto de mi dudar. Ergo: existo. Lástima que cojito.

En la vida, todo no se puede, lamentablemente.

miércoles, noviembre 3

donde se da cuenta de la grande tragedia y tribulación de un infelice que sin jamás haberse convertido en obeso, no podía parar de comer y en su infausta soledad tuvo al cielo como techo

no era pesado ni redondo: era goloso
por pantagruélica costumbre
comía el pobre sin cesar
en un eterno y obstinado masticar
si no comía no hallaba reposo.

tragaba atolondrado el tragaldabas
con trabajo la mandíbula batía
haciendo con los dientes tropelías
de morder y cortar
nunca paraba

frutas, verduras, piernas de carnero
ruleros, botones, zapatillas
cuadernos, reglas,
plumas y tinteros
no iba él a despreciar:
todo servía.

en el subte boletos paladeaba
en las exposiciones cuadros y folletos
y si en la calle un panfleto encontraba
presto le hacía el honor:
se lo mandaba.

los libros --por supuesto-- no leía
tapas, páginas, lomos combinaba
con aceite de oliva y aderezos
en paciente triturar
los digería.

de su morada
platos, vasos y cubiertos
mantelería, muebles, artefactos
en tierna ingesta
desarmaba
y desa forma
su avidez satisfacía.

iba quedando la casa vacía
como estómago de pobre
entonces un buen día
acometió uno por uno a los ladrillos
de paredes de salones y pasillos
hasta encontrarse el glotón
a la intemperie
sin nada
que engullir
más que
de
hor-
mi-
gas-
una
lar-
ga
s
e
r
i
e.

lunes, noviembre 1

de lo que acontece cuando la férrea voluntad (de la persona) pierde su carácter ferroso para adquirir consistencia de manteca en proceso de derretimiento y se entrega (la persona) por completo a la molicie

dormir, dormir como un lirón
--que no es lo mismo
que una lira gigantesca--
perezar, yacer entre cobijas cobijado
el pensar obnubilado
fenecer de pájaras
sin vuelo
nada hacer
sentir andar al tiempo
y su hormigar despacio
travestir a la raída voluntad
voluta de humo
que veleta con
el viento
así dejarse uno derrocar el cuerpo:
hoy para qué
por qué
lo qué

la acción matar de muerte duradera
o moderar la vida
a su latencia mínima
expresión
potencia sin parir, tan solo
transcurrir callado-en una pupa
y nunca más salir
de pura fiaca