Canción de la cocina o que florezcan ignotas influencias en quien se deje
Sandra Santamaría -nombre insonorizante- se desliza en el cerebro de alguien (yo, mí misma) y molesta a las ideas o a los pensamientos, cuando existen.
Sandra Santamaría concurrió esta mañana a su estilista, Ricky Suárez, y se hizo hacer seis franjas platinadas. Ha mutado así en una tigresa que (ahora) sostiene un hermoso pesceto entre sus garras. Invirtió una fortuna en carne y cabellera, pero hoy vale la pena. Sandra hoy recibe en casa y debe ser escrita porque está perturbando a otra persona, que la piensa.
Ahora mismo Sandra Santamaría (treinta y ocho, culona y de pechuga exagerada) palpa el pesceto con sus manos, ambas. Regocíjanse sus dedos al contacto con la carne y piensa Sandra: cómo se siente cuando, cómo sería si. Lo toma con fuerza al pesceto, lo increpa con las palmas blancas, blandas, y lo suelta. Ahora zssst, la chaira. La chaira peligrosa. Zssst, zssst, zssst, Sandra afila la cuchilla, el borde lacerante, zssst. La carne balbucea: no, no a mí, no justo ahora. La carne roja de una vaca muerta, dice Sandra a su conciencia y continúa: cómo se siente cuando; cómo sería si. Sandra Tigresa agarra con sus dedos, uñas largas, la cuchilla carnicera y zssst, la entierra con furia en el pesceto. Por favor no, no a mí, llora otra vez la triste carne bermejona. Penetra facilongo el acero inoxidable, se desliza y Sandra, a quien las ideas se le tornan recurrentes, se pregunta: cómo se siente con la vaca viva; como sería si hubieran, además de carne, las costillas. Las costillas de. De quién. No importa quién. Importan las costillas vivas. Crack, o zssst. Crack-crack. Voluptuosa es la acción cinco o seis veces repetida y el pesceto queda irremediablemente agujereado, escupiendo fríos jugos. Cercenadas las bovinas fibras del ternero. De la vaca.
Cinco minutos luego, agonizan en la cacerola (Essen, también en esto se ha invertido una fortuna) los despojos. Sofocados. Ahogándose los pobres en el olor impertinente de morrones y cebollas que han recibido el mismo tratamiento: la cuchilla sedienta luego de sus escarceos con la chaira.
Alguien preguntará más tarde a Sandra, la anfitriona, tigresa platinada, “Es esta una nueva forma de preparar la carne?” Sandra Santamaría sonreirá enigmática: nunca jamás rebelaría ella sus secretos. A nadie. Ni siquiera a Ricky Suárez -estilista-.
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